West Highland Way 5 ¿ Cómo es el quinto día del West Highland Way de Tyndrum a Glencoe ?

Edgardo Montero

02-10-2023 • 4 min


  • Inicio Tyndrum
  • Fin Glencoe
  • Distancia 29.1 kilómetros


Tres días después con plantillas nuevas y habiendo rentado el servicio de transporte de maletas regresé en autobús a Tyndrum, justo al lugar donde me quedé en Glasgow pesé mi maleta eran 22 kilos los que traía, se supone que no se debe cargar más del 15 por ciento de mi peso, es decir estaba cargando un 50 por ciento más de lo debido.

Además de aligerar el peso de la backpack metí una mochila pequeña de 20 litros con bolsa de hidratación para andar durante el día, dejé la mochila pesada en el hospedaje donde quería quedarme hace tres días, y de ahí en adelante diariamente este servicio levantaría mi maleta y la llevaría hacia mi siguiente hospedaje, al final no perdí ninguna reserva, pues mandé un aviso a cada uno de mis hospedajes para cambiar la reserva y lo hicieron sin problema, esta creo fue la única gran bondad de hacer el West Highland Way durmiendo sólo en campings.

Los días que me ausenté había llovido casi todo el día, fue una buena decisión el haber tomado el descanso pues me sentía renovado y había un buen clima, en cuanto empecé tuve la sensación que amo de estar en el final del mundo, la campiña lucía infinita, esa es la alegoría, la metáfora, la melodía, el final del camino es el infinito, y por unos días en el West Highland Way lo habito.

Al no llevar la mochila, me sentí volar por las nubes blanquiazules, paso a paso despegaba mi ser del verde intenso del pasto, la gravedad desaparecía y en su lugar aparecían una y otras cimas, más tarde me encontré con una cascada pegada a la pared sobre la cual corría ligera el agua, pegué la mejilla a ella y sentí como si el west Highland way me besara, luego siguiendo los consejos de los escoceses fui más allá saqué la lengua y empecé a beber del agua pura, exquisita y clara.

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Poco a poco sentía me convertía en un animal pastando con mi mirada, los cerros que parecían existir solo para ser admirados. Las flores moradas detenían y jugaban con la luz entre sus espinosas ramas, una armoniosa perfeccionó me envolvió una y otra vez, al no llevar peso sentí que tenía mucho más tiempo e hice muchas pausas porque no quería despedirme de las maravillas que miraba.

Como es costumbre en Escocia, de un momento a otro aparecieron varias nubes y empezó a lloviznar y justo en ese momento encontré un restaurante. Al sentir la cálida atmósfera del lugar decidí ponerme cómodo y pedir un gran pedazo de bacon con piña y una Coca Cola, justo cuando me disponía a salir se soltó otra vez la lluvia entonces pedí un café con espuma y un scone, el cual es el pan escocés típico, es una especie de bisquet con fruta, que se acompaña con una crema que parece mantequilla y mermelada, me sentí dichoso del momento y del manjar, dejé pasar un poco el tiempo leyendo y escribiendo, después de dos horas en el lugar le pregunté al mesero cuando faltaba para Glencoe, me dijo que de cuatro a seis horas, le enseñe el google maps que me decía que eran solo tres, movió la cabeza y me dijo cuando menos serán cuatro horas y media, entonces me sentí apurado, en cuanto salí empezó a llover.

Me empecé a regañar una vez más, “te confiaste, saliste tarde otra vez”, entonces aumenté mi velocidad, al poco tiempo me vi danzando entre los charcos a un ritmo mágico, recordé entonces cuando a los dieciocho años fui por al desierto de San Luis Potosí por una semana y descubrí que tenía el alma de un guerrero, volví a sentir esa agilidad, el ritmo del agua armonizaba con el de mis pisadas,  movía mis extremidades de forma rápida y vino otro recuerdo de cuando era pequeño, adoraba esa sensación de aventura y movimiento, ahí me di cuenta que he sido, soy y seguiré siendo un guerrero.