Andalucía. Clavado en la Alhambra

Edgardo Montero

17-03-2024 • 3 min

Mi ser inquieto se detiene ante este impacto estético. Me monto en el corcel de la inspiración sin dirección. No importa a dónde voy, sé que será mejor que el lugar en el que estoy, a eso vine aquí a experimentar, a sentir, a perderme en los ventrículos de la emoción, en la intensidad:  Soy.

Veo las estrellas están en el suelo, hago malabares en el cosmos que se está expandiendo. Estoy fuera y dentro, mi corazón late, cruzo el dintel al templo, e intento quedarme en él como la flor de granada y después la flor se abre ante tus ojos y una vez más el infinito contenido demuestra su nacer continuo, el equilibrio viene y va, respira profundamente y regresa a reposar.

Todas las puertas están abiertas y simplemente celebran el atrevimiento, la realidad es un museo para quien está atento.

El universo es circular, fin y origen convergen en el mismo vértice, así es y será siempre, lo único que queda es encontrarse. La exploración es eterna, en círculos concéntricos hacia el sepulcro caminamos lentos, cerca de Alá, de la última cena. La estrella de David gira sobre el árbol donde Buda medita, y de donde su mirada fija nace el narciso que intenta comprenderse. Somos pinturas de un museo observándose, la puerta, el vehículo y la llave es la oración y en ella los átomos se expanden formando más constelaciones fugaces.